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La Madre de los mineros



¡Gracias, Madre por velar por tus hijos mineros de manera tan especial!

"El 5 de agosto los empleados de la mina San José trabajaban mientras la estructura del lugar colapsó encerrándolos"....
"El 22 de Agosto al fin dieron señales de vida haciendo llegar un mensaje "Estamos bien en el refugio los 33"....
"Desde ese momento la atención del mundo se volcó hacia el país latinoamericano, tras el anuncio de que el gobierno respaldaba un intento de rescate. Todos fueron rescatados el 13 de octubre gracias a un espectacular operativo transmitido a todo el planeta".


Nombre de la Mina: San José
Cantidad de mineros atrapados: 33
Derrumbe de la mina: 5 de agosto, día del cumpleaños de la Virgen María, según Ella lo ha revelado a los videntes en Medjugorje.
Primera comunicación con el exterior: 22 de agosto, Fiesta de María Reina.
Operativo de rescate: 13 de octubre, aniversario de la última aparición de la Virgen en Fátima y del milagro del sol.

Y acá les dejo esta foto que espero q haga pensar a más de uno, ya que todos queríamos que los mineros tuvieran la posibilidad de vivir, pero bien sabemos que no todos piensan lo mismo cuando se trata de un bebé en el vientre de su madre...

Reconciliarnos con nosotros mismos

Una de las cosas que más me gustan leer son los testimonios de conversión. Ver cómo actua Dios en nuestras vidas cuando le damos la posibilidad de tomar las riendas, es lo más lindo que podemos compartir con los demás y creo que lo que más poder de contagio tiene.
El testimonio que les copio hoy no es personal, pero me llegó mucho porque muchas veces la raíz de nuestra falta de paz es que no terminamos de perdonarnos a nosotros mismos.
Es fruto de la Virgen de Medjugorje, la Reina de la Paz, y está contado por Sor Emmanuel:

"La Gospa(1) nos exhorta a reconciliarnos primero con nosotros mismos. A veces, vemos personas devastadas por su falta de paz interior, aún cuando han confesado sus pecados del pasado y creen firmemente en el perdón de Dios. Viendo que la paz se les escapa y que su tormento permanece, vuelven a confesar a menudo ese mismo pecado del pasado, con la esperanza que la misericordia de Dios actuará por fin en su corazón y depositará en él esa paz tan deseada. ¡Todo en vano! A menudo, este tormento viene del hecho de que, aunque Dios la haya perdonado, la persona no se ha perdonado nunca a ella misma. Esto ocurre frecuentemente en el caso del aborto.

Por ejemplo, una mujer de 56 años sufría crueles tormentos interiores desde hacía 30 años. En cada confesión, mencionaba ese pecado cometido a la edad de 26 años, pero la paz de Dios huía siempre de ella. Vino a Medjugorje en búsqueda de ayuda y le preguntamos si ella creía que su hijo le había perdonado desde arriba, desde el Cielo. Ella respondió que “sí”. Luego le preguntamos si ella se había perdonado a sí misma, y dijo horrorizada: “¿Cómo podría perdonarme de haber hecho una cosa tan abominable!?” Allí estaba la clave de su mal.

Invitada a revisar su posición a la luz de Dios, aceptó reconocer humildemente que efectivamente, era capaz de eso, y aún de cosas peores que esas; que la sola cosa que le pertenecía como propia era su miseria (como Jesús le dijo a Sor Faustina). Reconoció que ese aborto la había humillado y había arruinado la buena opinión que tenía sobre ella misma. La falta de paz provenía en gran parte de su orgullo, sutilmente disfrazado en virtud. Al descubrir esto, aceptó aplicarse a sí misma la misericordia que Dios le había otorgado de manera inconmensurable.

Reconciliarse con uno mismo no es llamar “bien” al mal cometido, o negar el pecado. ¡Al contrario! Es llamarlo “mal” y aniquilarlo para siempre en el corazón de Dios, en sus entrañas de misericordia. Esta señora recuperó la paz del corazón. Habia cambiado de anteojos y no tenía más miedo de su miseria: no se miraba más a sí misma sino que tenía los ojos fijos en su Salvador, y lo veía todo a la luz de su misericordia. Había transformado su remordimiento en arrepentimiento."


(1) Gospa le dicen a la Virgen María en Medjugorje

Qué saben los bebés?


Cuando nace un bebé, creemos que debemos enseñarle todo, para que de a poco vaya descubriendo el mundo y haciéndose un lugar en él. Es común que pensemos que en su cabecita no hay ningún conocimiento todavía, y que a partir del primer día, empieza a aprender. Sin embargo, creo que estamos equivocados, porque lo más importante que tiene que saber una persona, lo sabe desde que nace y desde antes también!!! 

Desde sus primeros días, el bebé sonríe dormido. Dicen que lo hace por reflejo, sin voluntad... mmmm, yo no lo creo,  a todos mis hijos los he visto sonreir así, y siempre pensé que estaban viendo ángeles del cielo. Recuerdo haber leído algo de esto en un libro de Medjugorje,  lo creí enseguida, (es verdad que mucho no me cuesta creer) y me encantó saberlo. También leí que todos conservamos en algún lugar de la memoria el momento de la concepción, nuestro origen, los sentimientos de nuestros padres, y, más fácil de creer, los 9 meses que pasamos en la panza, si fuimos aceptados con alegría o no.

Luego con el transcurrir de los días, los meses, los años, nos vamos llenando de otras cosas, y tanto, que perdemos de vista lo escencial, lo que conocíamos desde siempre, desde nuestro origen, y que nos mantenía unidos a nuestro Creador, seguramente sabiendo el sentido de nuestra vida. Perdemos la inocencia... Pero qué paradoja! creemos que un bebé es inocente cuando está más cerca de la Verdad que todos nosotros, después de años de estudio... o de vida nomás. 

Pasando a lo personal-familiar,   y para reforzar la idea, les cuento que Toni sonríe cada vez que lo pongo frente a una imagen de la Virgen o de Jesús y les "habla" como si los conociera!!! Y nadie le enseñó eso...